La cultura como territorio de comunidad y campo de acción
Cuando hablamos de migración forzada, el arte y la cultura como estrategia de integración no son meras actividades complementarias o lúdicas, sino herramientas esenciales para sostener la identidad, tejer vínculos y favorecer procesos de integración social. Para las personas migrantes —especialmente aquellas que han debido huir por razones políticas o humanitarias— la pérdida de referentes simbólicos, afectivos y territoriales genera un profundo quiebre subjetivo. En este escenario, la creación artística y la participación cultural ofrecen espacios donde es posible resignificar la experiencia migratoria, reconstruir narrativas personales y colectivas y activar formas de reparación simbólica.1
La cultura funciona como mediadora entre el pasado y el presente, entre lo propio y lo ajeno, ante la memoria del país de origen y la necesidad de enraizarse en un nuevo entorno. Como plantea Velandia en El cuerpo aquí, la mente allí, la integración cultural no se trata únicamente de adaptarse o aprender nuevas normas sino de sostener vínculos, narrar identidades en relación y construir ciudadanía desde el reconocimiento mutuo. En este sentido, los espacios de encuentro artístico y de conversación íntima no sólo posibilitan la expresión estética, sino que abren la puerta a la creación de redes afectivas, a la validación de trayectorias migrantes y a la generación de sentidos compartidos en la ciudad de acogida.2

Mosaicos en Reparación parte de esta comprensión: cada composición realizada durante las conversaciones se convierte en una huella, una metáfora de la vida fragmentada y reconstruida del migrante, una forma concreta de habitar la memoria, resignificar la pérdida y visibilizar las historias silenciadas. Al vincular palabra, imagen y comunidad el proyecto apuesta por un modelo de integración donde el arte no solo representa la experiencia migratoria, sino que la transforma activamente.

Metodología


Algunos principios elementales
- Somos siempre participantes y somos afectadxs por lo que tocamos, en ese sentido es un acercamiento “autoral”, el tema nos afecta directamente y en carne viva.
- Reconocer la capacidad y el potencial transformador que reside en la aplicación intencional y consciente de prácticas humanas simples como la conversación, la presencia, la escucha y la observación atenta.
- Llegar con humildad y duda.
- Más que replicar, aprender, adaptar y evolucionar con otros contextos.
- Dar lugar a la ambigüedad y a “no saber”.
- Abrazar la incertidumbre.

Estructura de los encuentros
Cada encuentro se estructuró en torno a una mesa cuadrada de 80x80cm y un mantel de color claro, en un espacio privado y a puertas cerradas. Sobre el mantel, los mosaicos y sentados alrededor de la mesa 3 personas, a saber:
- Una persona encargada de la facilitación.
- Una persona invitada, que narrará su experiencia.
- Una persona extra que acompaña y complementa o, en su defecto, la persona encargada de la sistematización del encuentro.
Es ideal preparar una batería de preguntas para la persona invitada, en nuestra experiencia arrancamos con ¿quién eres, ¿quién eras en Venezuela y cómo y cuándo llegaste a Bogotá? El resto de la conversación se estructura en base a esa pregunta inicial.
Así mismo es indispensable, sobre todo para la persona que hace el rol de facilitadora, la escucha activa, no interrumpir a la persona invitada y moderar la conversación si ambas personas comienzan a hablar al mismo tiempo, entender la cadencia de la conversación para saber introducir las preguntas en el momento adecuado y dirigirlas a una persona en específico.
Registro
Cada encuentro se graba en audio, video y se transcribe en vivo utilizando algún servicio de inteligencia artificial, ya sea con un teléfono o una computadora.
Planos:
- Cenital: una cámara graba desde arriba todo lo que sucede en la mesa con los mosaicos.
- General: la cámara principal capta un plano general de toda la escena en la mesa.
- Apoyos: de ser posible una cámara secundaria hace planos de apoyo y foto fija.
Es importante al que final del encuentro no se altere el resultado de la mesa ni se recogan los mosaicos hasta que no se haya registrado en fotografía la composición que está en la mesa.


